domingo, 4 de septiembre de 2011

Pedro Aznar, en La Plata

Pedro Aznar
Teatro Coliseo Podestá
La Plata, 2 de septiembre 2011

En éste día ventoso en la ruta que nos lleva a La Plata todo se mueve: los pastos que vemos en nuestro camino se mecen con la brisa, luego se agitan con las ráfagas, y en el vendaval momentáneo parecen querer arrancarse de la tierra. El ciclo se llena alternando también con momentos de calma, para recomenzar una y otra vez.

Finalmente llegamos a la ciudad, donde toda esa energía se canaliza y se divide calle por calle, gracias a la acción del hombre. Afortunadamente, el día de sol en La Plata acompaña para que la experiencia del viento se perciba con una sensación más positiva. Como siempre, el viaje y la espera hasta la hora del recital nos preparan para una nueva experiencia, con nuevos disfrutes, y a veces también con el tiempo que nos permite redescubrir desde otra mirada los lugares conocidos y ya reconocidos. Incluso hasta para compartir un café, toda una ceremonia de amistad que a veces en la carrera diaria uno deja para otro momento.

También nosotros, como el viento que sopla primero desde el norte para volver luego como pampero, volvemos una vez más al hermoso teatro platense de calle 10, en el que ya hemos disfrutado algunas de las presentaciones más impactantes de algunos de nuestros músicos, entre ellas la de Spinetta y la de Miguel Mateos.  La sala parece influir (y tal vez también el público) sobre los artistas para que sus presentaciones tengan un toque especial.

Hoy volvemos a esta hermosa sala junto con el viento, para ver una más de las presentaciones (probablemente una de las últimas) del último trabajo de Aznar, su recopilatorio “A solas con el mundo”, armado con bises y extras de espectáculos anteriores, versiones de temas de otros autores, y aportes a otros proyectos.

El trayecto musical se ajusta a estas hermosas versiones de no menos hermosas canciones, incluyendo como siempre un par propias, Fugu, con la que se abre el concierto, y Quebrado, de su último trabajo propio. Como con la brisa constante, a lo largo de la noche recorreremos con calma pero inexorablemente algunas de sus muchos rubros musicales.

Habrá espacio para disfrutar de un pequeño set folklórico armado sobre temas de “A solas…” más un sentido homenaje a Atahualpa Yupanqui, que incluye dos canciones propias con letras cedidas por Roberto Chavero para el proyecto “Yo tengo tantos hermanos...” liderado por Víctor Heredia, canción que también desgrana Pedro con sumo respeto al original.

Al disfrutar el transcurso del recital, nos convertimos agradablemente en nuevas y agradecidas víctimas de la magia de Aznar para dominar el espacio y la escena con sólo su voz y la ocasional programación o instrumento con el que se acompaña, el cual cambia permanentemente, aprovechando al máximo su condición de notable multi-instrumentista: sea que toca una melódica, una de sus varias guitarras, su bajo, un teclado o simplemente su voz sonando sobre la programación, siempre, en todos los casos, igual que el viento, Aznar tiene la capacidad de convertirse y reconvertirse en lo que sea necesario para llegarnos al alma desde sus canciones.

Si: sus canciones, ya que aunque puedan no ser originalmente de Pedro, las hace propias y las renueva, a veces desde el respeto al original, otras, recreándolas con elementos muy diferentes a los de la versión del autor de cada pieza, como en el caso de Media Verónica.

Su voz privilegiada es parte de esa misma magia, y también como el viento varía desde una suave brisa en momentos como la primera parte de A primera vista, esa hermosa canción de Chico César, hasta la estremecedora energía del vendaval en Fugu, pasando por la dulzura de la zamba Si no fuera tucumana, el remolino temporario y la calma reflejadas en el Tema del ángel o Amelia y la fuerza del viento corriendo por el campo que nos hace sentir cuando canta While My Guitar Gently Weeps, ese inolvidable clásico de The Beatles. En el medio se inserta Amor de juventud.

También hay un pequeño regalo para el público platense: tres nuevas canciones adaptadas para ésta presentación que serán parte de su próximo trabajo, el cual está previsto lanzar el próximo año. Otra cosa notable es la calidez con la que Aznar se entrega al público en ésta noche, actitud poco habitual en él, que suele ser mucho más reservado en gestos y palabras. Por supuesto, también hace participar a la gente en la llamada Tan alta que está la luna o en el cierre de A primera vista donde todos terminamos cantando el estribillo.

Realmente un excelente recital, que hace olvidar el reloj, llega al espíritu, y hace que éste se mueva del modo y con la fuerza que el artista decida necesarias y transmita. El resto de los temas del disco también los canta, con excepción de Y arriba quemando el sol pero incluyendo El rey lloró (Lito Nebbia), que también ha interpretado en otros recitales recientes.

Hay varios bises, como ese especial tema de Lenon con que cierra la noche, sentado al borde del escenario.

El orden y cantidad de los temas, por una vez ha quedado relegado, hoy la impresión más fuerte que tenemos es la del viento como imagen y reflejo de la presentación de Aznar, que nos llega al alma y nos invade desde todos los ángulos, en cada canción y con todas las diferentes energías una y otra vez para volver a la calma y recomenzar una vez más el ciclo eterno.

PEDRO AZNAR, COSTANERA SUR (febrero 2011) 


PEDRO AZNAR y DAVID LEBON, en ROSARIO (febrero 2011)

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