viernes, 25 de enero de 2013

Festival de Cosquin 2013, Quinta Luna

La Quinta Luna del Festival Nacional de Folclore Cosquin 2013 tuvo como principales figuras las actuaciones de Víctor Heredia y de Abel Pintos.

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El príncipe del folclore. Abel Pintos brilló y consiguió refrescar el clima del festival tradicional. 12.000 personas lo vivaron. El más convocante.


24.01.2013 | Por Lucas Cruzado


El sueño dorado de Abel Pintos se volvió realidad. Como en los cuentos. La historia, en este caso, tiene como protagonista al nuevo príncipe del folclore y a una multitud apasionada que decidió -de manera unánime- coronarlo en los distintos festivales que el bahiense de 28 años pisó este verano. Y el de Cosquín no fue la excepción: en la madrugada de ayer, ante una plaza Próspero Molina exultante y desbordada de público, la quinta y redonda luna fue toda para él. En un show que duró más de una hora, Pintos paseó su música, su sencillez y su carisma; y logró lo que todos los artistas anhelan: que el coliseo del folclore nacional se rindiera ante sus pies.

La noche en la que la plaza vibró como nunca en esta edición 53, comenzó puntual y a puro fuegos artificiales. Los estruendos en medio de un cielo despejado ya anunciaban lo que, allá por las dos y media de la madrugada, sería una explosión total.

La magia del escenario Athaualpa Yupanqui logró algo imposible: que a la historia y al presente los separen apenas minutos. Así, una leyenda viva y más encendida que nunca como Víctor Heredia, fue la previa de lujo para el banquete musical que Abel Pintos se encargó de repartir.

Minutos después de las 2.30, el joven del momento se apareció sobre las tablas con un gorro bombín negro, camisa abierta arremangada, pantalones oscuros y cinto rojo.
Quién pudiera le dio inicio a una noche que quedará como la más efusiva y ¿más taquillera? del festival: alrededor de 12 mil personas -con escaleras atestadas y pasillos intransitables- ratificaron el fenómeno por el que camina el ahijado artístico de León Gieco.

La presentación de Abel Pintos tuvo como constante un griterío ensordecedor, joven y femenino que pobló -primero- las calles coscoínas desde bien temprano; y después, las gradas. El bahiense logró un hecho casi inédito: que la plaza rejuveneciera en su mayoría y que todos, absolutamente todos, observasen de pie su pasar histriónico y de movimientos casi en cámara lenta sobre el escenario.

Pintos repasó canciones y hits de los discos Reevolución y Sueño dorado. Su mirada repetitiva y casi reverencial hacia el cielo, con las manos apuntando hacia arriba en forma de agradecimiento, fue una de las tantas fotografías que entregó la quinta luna coscoína. 

El cantautor -confeso amante de la literatura-, interpretó cada una de las 14 canciones como si fuera la última vez que iba a entonarlas. Dejó, literalmente, la vida en cada párrafo musical.

Con un final a pura ovación que la gente pretendió prolongar y que no llegase nunca, Abel Pintos saludó una y otra vez. Inclinó su cuerpo espigado, como rindiéndole pleitesía a sus fieles. Y se reincorporó, dio media vuelta y  abandonó -con pasos lentos y pesados- el escenario Atahualpa Yupanqui. A esa hora, la corona del folclore ya tenía un nuevo dueño.


Fuente, Diario Clarin
http://www.clarin.com/espectaculos/musica/principe-folclore_0_853714646.html



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